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Hacia una caficultura peruana sostenible, por Alfonso Lizárraga

Este 23 de agosto se celebra el Día Nacional del Café, y es un día en el que debemos saludar el esfuerzo de miles de productores cafetaleros de las diversas regiones del país, por ser parte de un proceso productivo que ha aportado de manera sustancial a la economía nacional.

A diferencia de cultivos agroexportables como la uva, palta, arándanos, espárragos o mangos; la producción de café involucra directamente a cientos de miles de familias (223 mil, según IV Censo Agropecuario), en suelos generalmente en pendiente, con un sistema agroforestal que aporta a la economía ambiental y por ser uno de los puntales para mitigar los efectos del cambio climático. En un contexto donde muchos agricultores presentan problemas de titulación de tierras y con poco acceso al sistema financiero. A pesar de esta situación según la Junta Nacional de Café, en el 2018 los agricultores cafetaleros exportaron 5,654,532.54 quintales de café a un precio promedio de USD 120.05 por quintal con un valor FOB de USD 678,831,534.24.

El sistema cafetalero peruano requiere de un soporte integral que considere los principales problemas del agricultor (créditos blandos, tecnologías para un mejor manejo del cultivo, control de plagas, una oferta de variedades y semilla de calidad para la renovación de plantas, servicios de extensión de calidad, información de mercado). Un soporte que incluye a los actores vinculados al comercio, procesamiento y exportación. Atacar estos aspectos requiere de una visión estratégica a largo plazo, y de un verdadero plan integral de largo aliento para ayudar a mejorar el posicionamiento del café peruano.  Al parecer los actores de gobierno no han logrado encontrar la fórmula adecuada para el rumbo correcto de la caficultura peruana. Se requiere implementar políticas integrales, consensuadas con una visión de mercado, del cuidado del ambiente y del desarrollo socioeconómico.

Las universidades con sus investigaciones pueden aportar a encontrar esta ansiada fórmula que, con la intervención del Estado, permita a empresas y gremios de productores continuar celebrando cada año la calidad del café peruano. Es hora de que el MINAGRI y sus dependencias vean de una vez la caficultura peruana de una manera seria y alturada, tecnificada y acorde al contexto socioeconómico, y como eje estratégico de una política de Estado del desarrollo rural sostenible para la selva alta del país.

Alfonso Lizárraga Travaglini
Director Académico, Carrera de Ingeniería Agroforestal

 

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